Fuimos un sábado loco, un sábado ebrio, sin pies ni cabeza, completamente descerebrado. A veces hacíamos cosas tontas, como decirnos que nos queríamos, bailar sobre la cama o poner velas sobre el mármol...creíamos que si pensabamos que era real al final acabaría siéndolo y no nos dimos cuenta de que bebíamos demasiado de la misma botella de siempre mientras jugabamos al yo nunca y nos mentíamos para beber un poco más de ron.
Yo me tumbaba en la cama y sentía tus yemas sobre mi piel, intentando agarrar un poco de alma mientras me mirabas a los ojos preguntándome cosas que yo no quería ni siquiera pensar.
Caímos poco a poco en los días del calendario y las hojas cayeron como si fuera otoño, una a una, hasta dejarnos desnudos y con las vergüenzas al aire, las verdades rasgadas en nuestra piel de lija. Nos tocamos, pero dolía y hacía ese ruido sordo tan molesto...
Nos pillo el domingo de resaca, vomitando en el baño nuestras penurias existenciales, con la cama vacia, las manos frías y el corazón caliente. Mis ojos buscaron los tuyos, pero no nos encontramos; arrastre los pies por el pasillo siguiendo ese rastro de excusas que tu me dejaste y que yo convertí en razones.
Espere junto a la puerta abierta días, meses...pero no llegaste.
Ahora timbran a la puerta, sé que eres tu porque gritas, pero ya no me afecta, ya no me roza la calma tu voz de petirrojo soñador, ya no me llenan el oido tus promesas insignificantes.
Sabes? Sólo quería, sólo creía, que pasaríamos el domingo en chandal viendo peliculas mudas...
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