Egoista, aburrida, floja, loca, insatisfecha, complicada... Y claro está, también físicos. Rellenita, pelo imposible de adiestrar, dientes imperfectos, hombros anchos..
Al fin y al cabo, defectos como cualquier otra persona podría tener, defectos que nos definen a nosotros mismos. Los mismos defectos por los que mucha gente, por desgracia, se burlan de nosotros.
Pero, ¿sabéis que os digo? Que nadie es perfecto, ni tú, esa persona que se burla a más no poder de ellos. Porque reconocer que no eres perfecto, es el primer paso para intentar serlo.
Porque, imagínate, un mundo en el que todos hagamos las cosas bien y seamos perfectos: Ni alto ni bajo; ni muy gordo ni demasiado delgado; pelo rizado o liso, sin intermedios; ropa a la moda; sin hacer tonterias que sobrepasen de lo normal; todos pensando lo mismo; sin discusiones; todos iguales.
Demasiado aburrido, ¿verdad?
Por eso los defectos son tan importantes, porque sin ellos, no sería lo mismo.
Y exactamente por eso, acepto, mejor dicho, ME ALEGRO de tener mis defectos, que si los miras de una forma u otra, pueden ser encantadores.
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